Antonio Jesús Láinez Ramos-Bossini (1,2), Mario Rivera Izquierdo (3,4), Ángela Rivera Izquierdo (5, 6), Juan Carlos Gil Berrozpe (7,8)

  1. Estudiante de Doctorado (Departamento de Radiología).
  2. Médico Interno Residente del Servicio de Radiodiagnóstico (Hospital Universitario Virgen de las Nieves)
  3. Estudiante de Doctorado (Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública)
  4. Médico Interno Residente del Servicio de Medina Preventiva (Hospital Clínico San Cecilio)
  5. Estudiante de Doctorado (Departamento de Filologías Inglesa y Alemana)
  6. Personal docente-investigador en formación predoctoral (Facultad de Filosofía y Letras)
  7. Estudiante de Doctorado (Departamento de Traducción e Interpretación)
  8. Personal docente-investigador en formación predoctoral (Facultad de Traducción e Interpretación)

En el panorama actual, resulta cada vez más evidente la superespecialización de los distintos ámbitos de conocimiento. Por ello, creemos que generar espacios de intersección entre disciplinas complejas y llenas de matices es un privilegio formativo, tanto para los profesores como para los alumnos. Como médico y traductor, acojo este número de Archivos de Medicina Universitaria (AMU) con una mezcla de alegría, orgullo y admiración, pues en él recogemos el fruto del esfuerzo de muchísimos alumnos y docentes que creemos en una enseñanza práctica y de utilidad, vertebrada por un eje transdisciplinar.

A lo largo de este curso, hemos tenido la oportunidad de trabajar conjuntamente en las facultades de Medicina y de Traducción e Interpretación de nuestra universidad, y el vínculo entre ambas facultades resplandece en este número más que nunca. Sabedores de que, para algunos, puede dar la impresión de que la medicina y la traducción constituyen ámbitos muy dispares y difícilmente complementarios, hemos tenido la oportunidad de demostrar lo erróneo de esta asunción. En las próximas páginas está la prueba de ello.

Los organizadores del proyecto estamos plenamente satisfechos con su desarrollo en esta entrega. Con toda probabilidad, constituye la primera de muchas otras en las que médicos y traductores nos seguiremos dando la mano para colaborar y aprender unos de otros. El resultado, a la vista está, es sobresaliente. Nuestra más sincera gratitud y enhorabuena a todos los participantes.


Desde la creación de Archivos de Medicina Universitaria en el año 2013, numerosos estudiantes de medicina y de otras ciencias biosanitarias han utilizado esta plataforma para publicar sus primeros trabajos y aproximarse de manera práctica al mundo de la publicación científica. Sin embargo, gracias al Proyecto de Innovación Docente y al Curso del Centro Mediterráneo realizados durante este curso 2018-2019, hemos hecho realidad un sueño que teníamos en mente desde hace mucho tiempo.

No solo apostamos por la aproximación del estudiante del Grado en Medicina al mundo de la publicación, sino que también apostamos por una traducción de calidad que evite excesivas correcciones de los editores y revisores. Hemos visto cómo colaboran los estudiantes de dos de los grados más importantes de la Universidad de Granada. Medicina, una de las carreras con mayor nota de corte del ámbito de las ciencias, y Traducción e Interpretación, una de las carreras con mayor nota de corte del ámbito de las letras, han demostrado que sus estudiantes saben trabajar codo con codo, establecer redes de contactos entre sí para futuros proyectos laborales y generar un producto de calidad, que mostramos en el presente número de la revista.

Este número, sin duda, es muy especial por el trabajo, la coordinación y la multidisciplinariedad que lo sustenta. Por todo esto, para mí supone la guinda que encumbra todos estos años de trabajo. Esperemos que sea la primera piedra de un camino marcado por artículos y traducciones de calidad, y que desde AMU sigamos teniendo el privilegio de vivir estas experiencias.


La revista que tenéis entre manos es el reflejo de que las ciencias biomédicas y las humanidades no son disciplinas reñidas, sino que por medio de la colaboración y la multidisciplinariedad pueden hermanarse, dando como resultado una enriquecedora experiencia académica y profesional para el alumnado y profesorado.

El Proyecto de Innovación Docente que ha permitido llevar a cabo este trabajo tenía como objetivo fundamental iniciar en la investigación a los estudiantes de ciencias biomédicas y presentar un encargo de traducción relativamente realista al alumnado de traducción e interpretación, aproximándolos al mundo laboral. Por otro lado, buscábamos que se establecieran vínculos y, por qué no, amistad entre estudiantes de ambos campos del conocimiento. Los encuentros conjuntos y el curso de formación del Centro Mediterráneo, así como el contacto entre los estudiantes, han posibilitado la elaboración de artículos y traducciones de calidad. Esto no habría sido posible sin la colaboración de los docentes que tan amable y desinteresadamente han decidido participar en este proyecto pero, sobre todo, tampoco habría sido posible sin el entusiasmo de los estudiantes, cuyo esfuerzo e ilusión simbolizan el verdadero espíritu universitario.

Personalmente, como estudiante de doctorado y docente en formación, no puedo expresar con palabras lo que este proyecto significa para mí. Desde las aulas, primero como estudiantes y posteriormente como docentes, mis compañeros y yo hemos soñado y apostado por una educación de calidad, horizontal y cercana, tratando de minimizar los efectos de la jerarquía profesor-alumno. Si algo puedo decir es que he aprendido muchísimo del alumnado y deseo que disfruten tanto como yo del resultado de su esfuerzo.


Estas páginas son el fruto del esfuerzo de más de un centenar de alumnos y de más de una decena de docentes que decidimos abordar con ilusión un proyecto caracterizado por la interdisciplinariedad y por la cooperatividad. No en vano, uno de los principales objetivos del Proyecto de Innovación Docente que ha permitido la elaboración de esta revista era romper con la verticalidad de las aulas y crear un espacio de colaboración horizontal entre los alumnos participantes y los tutores. A día de hoy, creo que podemos afirmar que lo hemos conseguido.

A nivel personal, verme implicado en esta aventura ha sido una de las experiencias más gratificantes que hasta ahora he tenido la suerte de vivir en mi breve carrera como docente universitario. Si hay algo que nos caracteriza a las futuras generaciones de docentes, es precisamente tratar de reducir cada vez más la distancia entre el alumnado y el profesorado, y eso es un factor que ayuda a humanizar esta disciplina y a que no se vea la docencia como algo meramente instrumental. Sin embargo, esta armonía no habría sido posible sin la actitud tan positiva mostrada por el alumnado participante en el proyecto y por el fuerte compromiso con el trabajo y compañerismo que todos ellos mostraron incluso desde antes de comenzar el trabajo. En los artículos, en sus correspondientes traducciones y en la maquetación de la revista se puede vislumbrar la pasión que hay detrás de cada párrafo, de cada oración y de cada palabra.

Que este primer número especial de AMU sirva como piedra angular de un marco de cooperación entre profesores y alumnos, y entre médicos y traductores. A todos los participantes en el proyecto: esta es también vuestra revista.

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