Carlos María Morales-Garzón¹ ², Kamal Hammu-Mohamed¹ ², José Ignacio Moral-Vázquez¹ ².

TRANSLATED BY:
Ana García-Canteli³, Irene Ruiz-González³, Belén Romero-Pastor³, Carla Arco-López³, Pedro Hurtado-Ruiz³, Julia Santos-Sánchez.

TRADUIT PAR :
Paula Trillo-Peña³, Salvador Cano-Romero³, María Magdalena Honorato-Luna³, Rubén Martínez-Osorio³, Zoe Lorente-Marti³, Ndèye Marie Diouf³.

 

  1. Facultad de Medicina, Universidad de Granada (UGR).
  2. Proyecto de Desarrollo Pulmonar, Universidad de Granada (UGR).
  3. Faculty of Translation and Interpreting, University of Granada (UGR).

La creciente relevancia epidemiológica del cáncer de mama ha provocado un gran aumento de estudios que buscan cómo prevenirla. La menor incidencia de la enfermedad en Asia llevó a pensar que el elevado consumo de soja en esta zona podría ser la causa, ya que la soja contiene isoflavonas, que tienen similitud estructural con los estrógenos pudiendo actuar como agonistas o antagonistas. En la presente revisión hemos tratado de reunir la evidencia disponible en cuanto al efecto de la soja como agente protector, tanto en el consumo habitual de soja como alimento durante la vida como en el uso de suplementos de soja en mujeres postmenopáusicas. El conocimiento científico actual parece encontrar que el consumo de soja en mujeres premenopáusicas es un agente protector frente al cáncer de mama. Sin embargo, no todos los estudios apuntan en la misma dirección. Por último, parece que el uso de suplementos en pacientes de riesgo y en posmenopáusicas podría constituir más un factor de riesgo que protector.

Palabras clave: cáncer de mama, soja, isoflavonas.

Keywords: breast cancer, soy, isoflavones.

INTRODUCCIÓN  

En los últimos tiempos el cáncer de mama se ha convertido en una patología muy relevante en los países industrializados. Actualmente, según datos del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS, la tasa de prevalencia mundial se sitúa en 181,8 casos por 100.000 habitantes, mientras que la tasa de incidencia se encuentra en 55,2 casos por 100.000 habitantes [1]. Estos datos se ven aumentados si ponemos el foco en España, donde estos datos se sitúan en 549,6 y 138,8, respectivamente [1].  Al mismo tiempo, cada vez se le ha ido dando una mayor importancia a los hábitos de vida saludable con el objetivo de prevenir esta y otras enfermedades [2]. La globalización ha permitido dar a conocer una gran diversidad de alimentos que han tenido gran aceptación y repercusión mediática. Uno de los alimentos que mayor demanda ha tenido por sus supuestas propiedades y beneficios para la salud ha sido la soja [3].  En concreto se ha hablado mucho sobre el efecto protector que puede ofrecer la soja y otros vegetales frente al cáncer de mama [4]. Esto se fundamenta en el hecho de que países con baja prevalencia de cáncer de mama existe una dieta abundante en este tipo de alimentos. Así se justifica el auge de investigaciones en este campo, que han intentado verificar este efecto protector, así como averiguar el mecanismo por el que ejercen esta acción. Estos últimos se han centrado en las isoflavonas, un componente de la soja que tiene una gran similitud estructural con los estrógenos y que por tanto podría unirse a los receptores de estrógenos de las células mamarias [5].

Pese a que algunos estudios han concluido que la soja es un factor protector del cáncer de mama [6], otros han concluido lo contrario, tanto en humanos [7] como en animales de experimentación [8]. Sin embargo, la OMS no incluye a la soja ni siquiera como posible carcinógeno [9], por lo que sin duda sigue siendo necesario profundizar en esta cuestión. Además, en lo publicado sobre este tema encontramos una gran falta de estudios multiétnicos y de estudios con muestras amplias, por lo que vemos necesario incluir publicaciones recientes que superen estas dificultades. Los estudios precedentes han ido en diferentes direcciones: algunos estudios tratan de demostrar la capacidad de la soja para evitar la reincidencia del cáncer de mama [10], otros tratan de mostrar la posibilidad de evitar el cáncer de mama en pacientes de riesgo mediante la suplementación de soja [11], mientras que otros han realizado estudios prospectivos para evaluar la mayor o menor incidencia de cáncer en función de una dieta rica o pobre en soja [12]. Esta disparidad, tanto en resultados como en tipos de estudio, hace necesaria una revisión de las últimas publicaciones en este tema, así como un intento de reunir evidencia que explique los resultados opuestos obtenidos por estudios de gran calidad, a la vez que dé una explicación global y conjunta de los efectos de la soja en esta enfermedad, para así poder facilitar recomendaciones médicas o no con respecto al consumo de este producto.

En definitiva, el objetivo de esta revisión es analizar el efecto protector del consumo de soja en la población femenina premenopáusica y postmenopáusica frente al cáncer de mama. Para ello se han consultado fundamentalmente estudios de tipo observacional y estudios experimentales publicados.

 

LA RELACIÓN ENTRE EL CONSUMO HABITUAL DE SOJA Y EL CÁNCER DE MAMA

Los intentos por demostrar una asociación entre el consumo de soja y la prevención del cáncer de mama no son nuevos. La menor incidencia de esta enfermedad en los países asiáticos [1] despertó la curiosidad de científicos sobre los hábitos de vida en esta zona geográfica, con el fin de buscar causas ambientales (no genéticas) que expliquen esta posible relación. Ya en la segunda mitad del pasado siglo se empezó a llamar la atención sobre la soja como una de las posibles explicaciones a este hecho, y pronto surgieron las primeras revisiones que trataron de unificar las crecientes investigaciones [13]. El reciente auge de publicaciones sobre este tema hace cada vez más necesarias revisiones continuas de la creciente evidencia.

En este sentido, fue especialmente relevante, un estudio prospectivo publicado en 2014 [12]. Este estudio utiliza un gran tamaño de muestra (84.450 mujeres) y hace un amplio seguimiento (13 años). Aunque se desarrolló en Estados Unidos, se trata de una muestra multiétnica. Esto logra evitar uno de los sesgos que se habían venido repitiendo en estudios anteriores: estos tenían una muestra poco variada en cuanto a etnias, y los resultados por tanto podían explicarse por otros motivos. De hecho, los resultados de este estudio parecen indicar posibles diferencias en cuanto a razas, teniendo la soja un mayor efecto protector en personas de origen asiático. Sin embargo, esas diferencias no son suficientes para confirmarlo, y en general, tampoco se vio que un mayor consumo de soja reduzca la incidencia del cáncer de mama.

Algunos estudios han intentado aclarar las razones por las que unas investigaciones concluyen que la soja protege frente al cáncer de mama y otras lo contrario: el motivo parece ser la edad de la muestra: mientras que, en pacientes jóvenes, mujeres premenopáusicas, el consumo de soja estaría asociado a una menor incidencia del cáncer de mama, en pacientes mayores (mujeres postmenopáusicas), no habría tal asociación [14]. Ya en 2006, un estudio in vitro [15] iba más allá, demostrando que las isoflavonas podrían actuar como agonistas o como antagonistas del receptor de estrógenos en las células de cáncer de mama, y que esta dualidad dependería del estado hormonal de la mujer, actuando, a efectos prácticos, como antagonista en el caso de mujeres premenopáusicas, pero como agonista en mujeres postmenopáusicas. Esto se debería a las diferentes concentraciones de estrógenos en ambas etapas de la vida: en el ambiente premenopáusico hay gran cantidad de estrógenos circulantes, y aquí las isoflavonas, que tienen actividad estrogénica débil, actuarían de forma competitiva con los estrógenos, y al tener un efecto estrogénico menor, globalmente se produciría una disminución de los efectos estrogénicos sobre las células de la mama. En cambio, en estado postmenopáusico apenas hay estrógenos circulantes, por lo que las isoflavonas actuarían como un agonista estrogénico [15], con todos los efectos negativos que ello conlleva. Esta información viene sintetizada en la Figura 1, y es sin duda un posible motivo por el que algunos estudios no logran demostrar un efecto protector de la soja.

 

 

En un estudio observacional realizado en Shanghái [16] que estudió la relación entre el cáncer de mama y los estilos de vida, teniendo en cuenta diferentes factores causales, se ha visto que el consumo semanal de soja está asociado con un cáncer de mama precoz en mujeres jóvenes, aunque en este mismo estudio se afirma que existen pocos estudios en poblaciones jóvenes y que sería adecuado que se realizarán estudios prospectivos, también menciona que en los metaanálisis de Liu et al. [17]. y Woo et al. [18], se ha demostrado que la soja puede actuar como factor protector frente al cáncer de mama. Este estudio también estudia, entre otros factores, la relación entre el empleo de grasa animal para cocinar con el cáncer de mama y ha sido capaz de ver que en mujeres que emplean grasa animal presentan más riesgo de cáncer de mama, al contrario que las mujeres que emplean aceite de soja para cocinar, el cual podría tener efecto protector. El mismo estudio afirma que estos resultados podrían ser útiles para ayudar a las mujeres chinas a elegir un aceite para cocinar.

En cuanto al consumo de leche de soja, se ha visto que la sustitución de leche de vaca por leche de soja reduce el riesgo de cáncer de mama en mujeres americanas [19], aunque en estos estudios no se ha encontrado evidencia de que la soja actuase como factor protector del cáncer de mama, pero sí de que el consumo de leche de vaca fuese un factor de riesgo para el cáncer de mama. Este estudio también habla de los efectos quimiopreventivos que se atribuyen a la soja, dado que estos al tener una estructura similar a los estrógenos, pudiendo actuar como bloqueantes o debilitantes de los estrógenos endógenos, también se le atribuyen efectos antiproliferativos, antiinflamatorios y la capacidad de reparar el ADN. Aunque este estudio no haya encontrado evidencia de que el consumo de soja fuese un factor protector frente al cáncer de mama, debemos tener en cuenta que se ha realizado sobre una población occidental, la cual tiene un menor consumo de soja y de la que se requieren más estudios.

Otros trabajos [20] destacan la importancia de educar a las mujeres en la existencia de distintos factores de riesgo modificables de cáncer de mama, como la actividad física y el consumo de soja, además se afirma que se deberían identificar estrategias para aumentar el consumo de soja en la población.

La voluntad por parte de la ciencia de buscar una demostración cada vez más empírica y precisa del efecto de la soja sobre la enfermedad ha llevado recientemente a la realización de estudios interesantes [21] que han demostrado de forma precisa la relación entre el consumo de soja y la expresión de ciertos genes y miRNA, de cara a descubrir nuevas vías que justificaran el efecto anticancerígeno del alimento. Para ello, se escogió una muestra con pacientes con cáncer de mama triple negativo, y se estudió la expresión de ciertos miRNA y genes, y relacionándola con el consumo de soja durante el año anterior por parte de la paciente. Se vio que importantes diferencias en la expresión de 14 miRNA y 24 genes entre los pacientes con mayor y menor consumo previo. Este artículo, por tanto, ofrece motivos de peso para confiar en la soja como protectora frente al cáncer de mama, a la vez que ofrece las vías moleculares concretas por las que podría ejercerse este efecto.

Uno de los principales fallos existentes en gran parte de los estudios publicados en esta línea de investigación es el pequeño tamaño de muestra que presentan. Esto puede poner en duda algunos de los resultados obtenidos, a la vez que favorece la aparición de resultados contradictorios, que han impedido hasta ahora una correcta y precisa revisión de la evidencia. Por ello resultan llamativos e importantes los estudios con gran tamaño de muestra, como el publicado recientemente a partir de la cohorte “China Kadoorie Biobank” [6], que contaba con 300.000 sujetos. Este estudio no encontró variación en el riesgo de cáncer de mama entre aquellos que consumían más y los que consumían menor cantidad. En contra de lo que hemos reflejado en el resto de la revisión, tampoco encontraron diferencias entre pre- y posmenopáusicas. Por contra, sí que encuentra asociación entre un mayor consumo de soja y una menor incidencia de cáncer de mama en aquellas mujeres con un índice de masa corporal bajo.

Otros estudios se han centrado en estudiar la relación entre el consumo de soja y la longevidad. En concreto, un reciente metaanálisis [22] concluyó que un mayor consumo de soja está asociado con una mayor longevidad, y en concreto con una menor mortalidad en las pacientes con cáncer de mama.

 

EL USO DE SUPLEMENTOS DE SOJA Y SU RELACIÓN CON EL CÁNCER

Aunque se viene alertando sobre los posibles riesgos del consumo de suplementos en población con riesgo de cáncer de mama [23], sus efectos no están muy claros, y muchos estudios tratan de demostrar la idoneidad o no de su consumo. Aunque se hacen necesarias futuras investigaciones, existen ya estudios que podrían guiarnos en este tema. Un buen ejemplo es el realizado en la cohorte Étude Épidémiologique auprès de Femmes de la Mutuelle Générale de l’Éducation Nationale sobre mujeres mayores de 50 años [24]. En él, los resultados dependen del tipo de cáncer al que hagamos referencia: mientras concluye que el consumo habitual de suplementos de soja provoca un menor riesgo de padecer cáncer de mama con receptores estrogénicos positivos (ER+), ocurre lo contrario con el cáncer de mama con receptores de estrógenos negativos (ER-), sobre todo en pacientes de riesgo.

Consumo de soja y etnicidad.

El hecho de que las mujeres asiáticas consuman más soja hace que nos preguntemos si su menor incidencia de cáncer de mama [1] se debe a motivos genéticos (etnicidad) que causan una mejor acción de la soja. En un estudio [25] se midieron diferentes parámetros (NAF o líquido aspirado del pezón, estrógenos, IGF-1, IGFbp3, marcadores de inflamación como PCR o Proteína C Reactiva e il-6, y densidad mamográfica) en una muestra con 2 grupos de mujeres, a los que se administró 2 raciones diarias de soja. De todos los biomarcadores analizados solamente la IGF-1 e IGFbp-3 variaron significativamente entre población asiática y no asiática con dieta rica en soja. También hubo ligeras variaciones en CRP, NAFr. Sin embargo, estas diferencias no son suficientes para atribuir al genotipo la menor incidencia de la enfermedad en población asiática (etnicidad). Esto parece indicar que más que una diferencia genética, lo que marca la diferencia es un consumo desde la juventud [13].

El efecto de la reducción de grasas y la suplementación de soja en la circulación de adipocitocinas en mujeres postmenopáusicas.

El menor riesgo de padecer cáncer de mama, por efecto de la soja, se ha venido asociando a la disminución de adipocitocinas, entre las que cabe destacar los marcadores de la inflamación TNF-α e IL-6 [26]. Para comprobar esta hipótesis se realizó un estudio de 2 meses de duración en mujeres postmenopáusicas sanas y sin estar bajo tratamiento hormonal [10]. Se excluyeron aquellas mujeres con dietas especiales, historial de cáncer, diabetes o enfermedad crónica. Se procedió a dividir la muestra en tres grupos y a dar tres tipos de dieta: dieta baja en grasa, dieta rica en soja y una dieta control. Tras ello se analizaron los parámetros TNF-α, IL-6, adiponectina y leptina, pero no se vieron variaciones relevantes en estos parámetros entre los grupos. Sí que se produjo una bajada de peso general. Si bien hace falta profundizar en este tema, ambos estudios presentan ciertas limitaciones, entre las que encontramos las siguientes: el pequeño tamaño de muestra, la sola medición de parámetros al inicio y al final, poca rigurosidad en la preparación de dietas, o la posibilidad de participantes con ligera inflamación crónica. La conclusión que se saca de este estudio es que la dieta muy baja en grasas y la dieta de suplementos de soja no varían significativamente las adipocitocinas en circulación, chocando con las conclusiones de otras investigaciones [26].

Intervención con soja en cáncer de mama con MRI y densidad mamográfica.

En general se observa una falta de estudios con cáncer de mama que hagan uso de densidad mamográfica o imagen por resonancia magnética (RM). Por ello cobra especial relevancia un estudio [27] de 12 meses de duración, con doble ciego y aleatorizado, con un grupo de pacientes (de 30 a 75 años) con cáncer de mama (previamente tratadas) y otro con pacientes de alto riesgo, a las que se ha dado suplemento de soja o placebo, tomando al inicio y al final mamografía y RM. El objetivo de estas técnicas es obtener el área total de pecho (MA) y el área de densidad mamográfica (MD) en mamografía, y el volumen total de pecho (TBV) y volumen de tejido fibroglandular (FGV) en la RM. Se observaron ligeros descensos en MD% y FGV%, sin embargo, estos no eran suficientes para afirmar que el consumo de suplementos provoque cambios observables en estas técnicas.

 

RELACIÓN ENTRE EL CONSUMO DE SOJA Y LOS DIFERENTES TIPOS DE CÁNCER DE MAMA

En la actualidad, los cánceres de mama se clasifican según la expresión de diferentes receptores en la membrana de la célula, los principales receptores que se estudian son el receptor de estrógenos (ER), el receptor de progesterona (EP) y la el receptor del factor de crecimiento epidérmico HER2, de forma que los cánceres que no expresan ninguno de estos tres receptores se conocen como triples negativos.  Esta clasificación tiene importancia para determinar el tratamiento del cáncer e importancia pronóstica [28].

Como ya mencionamos anteriormente, un estudio [24] realizado en mujeres mayores de 50 años estudió el uso de suplementos de soja y su relación con el cáncer de mama, demostrando que estos disminuían el riesgo de cáncer de mama positivo para receptores de estrógenos (ER+), pero aumentaban la incidencia de cáncer de mama negativo para receptores de estrógenos (ER-), aunque en este último caso, se encontró un aumento de la prevalencia de cáncer de mama ER- en mujeres que ya presentaban una historia familiar de cáncer de mama en parientes de primer grado..

Otros estudios, en cambio, destacan el efecto protector de la soja frente al cáncer de mama por mecanismos distintos a los anteriores, como es el estudio de Guo et al. [21] ya mencionado anteriormente, en el que se detalla el efecto protector de la soja sobre el cáncer de mama triple negativo, el cual carece de expresión de receptores hormonales y el efecto protector se llevaría a cabo por el mecanismo de microRNA ya descrito anteriormente.

Por último, un estudio observacional realizado en Shangai [29] encuentra una disminución global del riesgo de cáncer de mama, encontrándose una mayor evidencia del efecto protector de la soja en mujeres premenopáusicas. En dicho estudio se clasificó a los cánceres según su expresión. de receptores hormonales ER y EP y por la expresión de HER2, encontrándose que el consumo de soja puede actuar como factor protector frente a cánceres de mama positivos para receptores hormonales EP y ER, pero no para cánceres de mama positivos para HER2.

 

CONCLUSIONES

Al margen de una evidente necesidad de futuros estudios, parece que un consumo de soja en la etapa premenopáusica, de forma habitual y continua, puede ser un factor protector frente al cáncer de mama, debido a su efecto antiestrogénico neto, además de por mecanismos relacionados con la expresión de miRNA, de forma, que podría tener efecto protector frente a cánceres de mama positivos para receptores de estrógenos y progesterona y para cánceres de mama triples negativos. Por otro lado, el consumo de suplementos de soja en mujeres postmenopáusicas o en pacientes de riesgo podría tener efectos nulos o incluso perjudiciales, debido a su efecto proestrogénico neto, estando en entredicho la seguridad de su uso. Está por ver la dependencia de la etnia en el efecto antiestrogénico de la soja, así como profundizar en otros posibles efectos beneficiosos como la reducción de adipocitocinas.

 

DECLARACIONES:

Agradecimientos

Este trabajo forma parte del Proyecto de Innovación Docente coordinado entre la Facultad de Medicina y la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada (UGR), bajo el marco del Plan FIDO 2018-2020 de la UGR (código 563).

Consideraciones éticas

Este estudio no requirió la aprobación de ningún comité ético

Conflictos de interés

Los autores de este artículo declaran no presentar ningún tipo de conflicto de interés.

Financiación

No se ha recibido ningún tipo de financiación para la producción de este artículo.

 

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Relationship Between Soy Intake and Breast Cancer: A Non- Systematic Review

 

The growing epidemiological relevance of breast cancer has led to a large increase in studies investigating how to prevent it. The lower incidence of the disease in Asia was associated with the high soy intake of that region. Accordingly, soy contains isoflavones, which have structural similarities to estrogens and could act as agonists or antagonists. In this review, we gathered evidence on the effect of soy as a protective agent, concerning both the regular soyfood intake during life and the use of soy supplements in postmenopausal women. Current scientific knowledge appears to indicate that soy intake is a protective agent against breast cancer in premenopausal women. However, not all studies point in the same direction. Finally, the use of supplements in risk and postmenopausal patients may be more of a risk factor than a protective one.

Keywords: breast cancer, soy, isoflavones.

INTRODUCTION 

Breast cancer has recently become a very relevant disease in industrialized countries. Nowadays, according to data from the WHO International Agency for Research on Cancer, the global prevalence rate is 181.8 cases per 100,000 inhabitants, while the incidence rate is 55.2 cases per 100,000 inhabitants [1]. These rates increase if we focus on Spain, where they stand at 549.6 and 138.8, respectively [1]. Meanwhile, healthy lifestyle is becoming more important in order to prevent this and other diseases [2]. Globalization has allowed a wide variety of foods to be known, and they have had a widespread acceptance and media impact. Consequently, soy has become one of the most demanded foods because of its possible properties and health benefits [3]. Particularly, the protective effect against breast cancer that soy and other vegetables can offer has been widely discussed [4], since countries with low breast cancer prevalence follow a diet rich in these types of food. For this reason, there has been an increase of studies in this field, trying to demonstrate this protective effect and to determine the mechanism by which it is exerted. Studies on the latter issue have focused on isoflavones, a soy component with structural similarities to estrogens. Therefore, they could bind to the estrogen receptors on breast cells [5].

Although some studies concluded that soy is a protective factor against breast cancer [6], others concluded the contrary, both in humans [7] and in experimental animals [8]. However, the WHO does not even include soy as a possible carcinogen [9]. Consequently, there is still a need for further work on this issue. In addition, the literature on this topic shows a lack of multi-ethnic and large-sample studies. Therefore, it is necessary to include recent publications that overcome these difficulties. Previous studies have gone in different directions: some tried to prove the ability of soy to prevent breast cancer recurrence [10], others tried to show the possibility of preventing breast cancer in risk patients through soy supplements [11], and others conducted prospective studies to evaluate cancer incidence depending on a diet rich or poor in soy [12]. This disparity, both in results and in types of studies, makes it necessary to review the latest publications on the topic and to gather evidence that could explain the contradictory results obtained by high-quality studies. Moreover, it is also necessary to provide a comprehensive and joint explanation on the effects of soy on this disease, in order to make medical and non-medical recommendations concerning the intake of this product.

In conclusion, the objective of this review is to analyze the protective effect of soy intake against breast cancer on premenopausal and postmenopausal women. For this purpose, mainly observational studies and published experimental studies were consulted.

 

RELATIONSHIP BETWEEN REGULAR SOY INTAKE AND BREAST CANCER

Attempts to demonstrate a relationship between soy intake and breast cancer prevention are not new. The lower incidence of this disease in Asian countries [1] aroused the curiosity of scientists on the lifestyle of this geographical area. Their aim was to find environmental (not genetic) factors to explain this possible relationship. In the second half of the last century, soy already began to be considered one of the possible explanations, and the first reviews attempting to unify the growing research soon appeared [13]. The recent increase in publications on this topic makes a continued review of the growing evidence even more necessary.

In this sense, a prospective study published in 2014 was especially relevant [12]. This study had a large sample size (84,450 women) and an extensive follow-up (13 years). Although it was conducted in the United States, its sample was multi-ethnic. This managed to avoid one of the biases that had been repeated in previous studies (i.e. a not very varied sample in terms of ethnicity), which meant that results could thus be explained by other reasons. In fact, the results of this study appeared to indicate possible differences concerning ethnicity, as soy had a higher protective effect on Asian people. However, these differences are not enough to confirm this and, in general, higher soy intake was not associated with a reduction of breast cancer incidence either.

Some studies tried to clarify the reasons why soy was found to protect against breast cancer in certain research, but not in other. The reason seems to be the sample age: while in young patients (i.e. premenopausal women) soy intake would be associated with a lower breast cancer incidence, in older patients (i.e. postmenopausal women) this association would not exist [14]. An in vitro study published in 2006 [15] went even further, showing that isoflavones could act as either estrogen receptor agonists or antagonists in breast cancer cells. This duality would depend on the woman’s hormonal status. In practice, they would act as antagonists in premenopausal women, but as agonists in postmenopausal women. This would be due to different estrogen concentrations in both stages of life. In a premenopausal environment, there is a high quantity of circulating estrogens. In this case, isoflavones, which have a weak estrogenic activity, would compete with them, causing a general reduction of the estrogenic effects on breast cells. However, in a postmenopausal environment there are very few circulating estrogens. Therefore, isoflavones would act as estrogenic agonists [15], having many negative effects, as it is summarized in Figure 1. This is clearly one of the possible reasons why some studies cannot demonstrate the protective effect of soy.

 

 

An observational study carried out in Shanghai [16] analyzed the relationship between breast cancer and lifestyle, taking into account different causal factors. According to the observations, a weekly soy intake was associated with early breast cancer in young women. However, this same study also stated that there was little research on young populations and that it would be adequate to conduct prospective studies. Moreover, it was mentioned that the meta-analyses conducted by Liu et al. [17] and Woo et al. [18] demonstrated that soy can be a protective factor against breast cancer. This study also analyzed, among other factors, the relationship between using animal fat for cooking and breast cancer. It was observed that women using animal fat showed a higher risk of breast cancer, as opposed to women using soybean oil for cooking, which could have a protective effect. It is also stated that these results could be useful in helping Chinese women choose a cooking oil.

With regard to soy milk intake, it was observed that replacing cow milk with soy milk reduces the risk of breast cancer in North American women [19]. According to this study, cow milk was found to be a risk factor, although no evidence was found of soy acting as a protective factor against breast cancer. In addition, this research mentions the chemopreventive effects attributed to soy, since its structural similarities to estrogens enable it to block or weaken endogenous estrogens. Antiproliferative effects, anti-inflammatory effects and DNA repair systems were also attributed to soy. This study found no evidence of soy intake being a protective factor against breast cancer. However, the fact that the study involved Western population must be taken into account, since soy intake is lower than in Eastern population, so more studies on this matter are required.

Additional research [20] highlights the importance of teaching women about the existence of different modifiable risk factors for breast cancer, such as physical activity or soy intake. Moreover, it is stated that strategies to increase soy intake should be identified.

The scientific will to demonstrate the effects of soy on breast cancer in an even more empirical and accurate manner has recently led to interesting studies [21]. One of them has accurately demonstrated the relationship between soy intake and the expression of certain genes and miRNA, with a view to find new ways of justifying its anticancer effect. For that purpose, the sample consisted of patients with triple-negative breast cancer. The expression of certain genes and miRNA was analyzed and compared with the patient’s soy intake during the previous year. Important differences in the expression of 14 miRNA and 24 genes between patients with higher and lower previous intake were observed. Therefore, this article provides good reasons to consider soy as a protective agent against breast cancer and describes the specific molecular pathways by which this effect could be exerted.

One of the main flaws in many of the studies published in this line of research is the small sample size. Due to this, some of the obtained results could be questioned. Moreover, this leads to contradictory results, which have impeded a correct and accurate review of the evidence. Therefore, studies with large sample sizes are considered to be noteworthy. For instance, a recent cohort study of the China Kadoorie Biobank [6] consisted of 300,000 subjects. This study found no variation in breast cancer risk between patients with high and low soy intake. As opposed to what has been described in the rest of this review, no differences between pre- and postmenopausal women were found either. However, the study found an association between a higher soy intake and a lower breast cancer incidence in women with low body mass index.

Other studies have focused on analyzing the relationship between soy intake and longevity. In particular, a recent meta-analysis [22] concluded that a higher soy intake is associated with increased longevity and, specifically, with lower mortality in breast cancer patients.

 

SOY SUPPLEMENTS AND THEIR RELATIONSHIP WITH CANCER

Although there have been warnings about the potential risks of soy supplements in population at risk of breast cancer [23], the effects of their intake remain still unclear, and its suitability is to be proven. Though further research is hence required, previous studies may contribute to shed light on this issue. A good example is the cohort study Étude Épidémiloguique auprès de Femmes de la Mutuelle Générale de l’Éducation Nationale, focusing on women over the age of 50 [24], which asserted that results would vary depending on the type of cancer. That is to say, whereas the regular intake of soy supplements was associated with lower risk of estrogen receptor-positive (ER+) breast cancer, their intake was related to an increase in the risk of estrogen receptor-negative (ER–) breast cancer, particularly among risk patients.

Soy intake and ethnicity

The relationship between a higher soy intake of Asian women and a lower incidence of breast cancer [1] leads to think that it might be due to genetic factors (ethnicity). This would contribute to a better protective effect of soy. In a study [25] involving two groups of women who received two daily soy servings, parameters such as nipple aspirate fluid (NAF), estrogens, IGF-1, IGFBP-3, inflammatory markers —e.g. C-reactive protein (CRP) or interleukin 6 (IL-6)—, and mammographic density were measured. Of all the biomarkers analyzed, only IGF-1 and IGFBP-3 varied significantly between Asian and non-Asian populations with a soy-rich diet. Moreover, there were slight variations in CRP and NAF. Nevertheless, these findings are not enough to attribute the lower incidence of breast cancer in Asian population to the genotype (ethnicity), but to soy intake from early ages [13].

The effect of fat reduction and soy supplementation on circulating adipocytokines in postmenopausal women

The lower risk of breast cancer due to soy intake has been associated with a decrease in certain adipocytokine levels, such as the inflammatory markers TNF-alpha (TNF-α) and IL-6. In order to test this hypothesis, a two-month study was conducted in healthy postmenopausal women under no hormone therapy [10], excluding those with special diets, cancer history, diabetes or any chronic disease. Subjects were divided into three groups and were assigned three different types of diet: low-fat diet, soy-rich diet and control diet. TNF-α, IL-6, adiponectin and leptin parameters were then analyzed, though there were no significant variations in these parameters between the groups. However, a general weight loss did occur. Even though further research is needed, both studies had several limitations: (1) the small sample size, (2) measuring parameters only at the beginning and at the end of the study, (3) little rigor in diet preparation, and (4) the possibility of participants with slight chronic inflammation. This study draws the conclusion that there is no significant variation in circulating adipocytokines between a low-fat diet and a soy-rich diet, differing from the conclusions of other research [26].

The effect of soy on breast cancer using MRI and mammographic density

In general, there is a lack of studies on breast cancer using mammographic density and magnetic resonance imaging (MRI). Thus, a double-blind randomized study published in 2015 [27] may be particularly relevant. This 12-month study was conducted in a group of patients (aged 30 to 75) with breast cancer (previously treated) and another group of high-risk patients, who were given soy supplements or placebo and who took mammography and MRI at the beginning and at the end. These techniques aim to quantify the total breast area (TBA) and the area of breast density (BD) on mammography, and to measure the total breast volume (TBV) and fibroglandular tissue volume (FTV) on MRI. Though a slight decrease in BD and FTV was observed, this was not sufficient to state that soy supplement intake induces changes in these techniques.

 

RELATIONSHIP BETWEEN SOY INTAKE AND DIFFERENT TYPES OF BREAST CANCER

Nowadays, breast cancers are classified according to the expression of certain receptors on the cell membrane. Most studies are mainly focused on estrogen receptor, progesterone receptor (PR) and epidermal growth factor receptor 2 (HER2). Cancers that do not express any of these receptors are known as triple-negative. This classification can be relevant to determine the treatment and the prognostic significance [28].

As mentioned above, a study in women aged over 50 focused on the relationship between soy supplement intake and breast cancer [24]. This research showed that soy supplements reduced the risk of ER+ breast cancer, but increased the incidence of ER– breast cancer. Nevertheless, the study also reported that ER– breast cancer has a higher prevalence in women with family history of breast cancer in first-degree relatives.

Other studies, however, highlight the protective effect of soy intake against breast cancer through mechanisms other than those mentioned above. For instance, Guo et al. [21] reported the protective effect of soy intake against triple-negative breast cancer, which lacks expression of hormone receptors, and the protective effect would therefore be carried out by the miRNA mechanism already described above.

Finally, an observational study conducted in Shanghai [29] found an overall decrease in the risk of breast cancer, with greater evidence of the protective effect of soy intake in premenopausal women. In this study, cancers were classified according to their expression of ER, PR, and HER2. This study concludes that soy intake may have a protective effect against ER+ and PR+ breast cancers , but not in HER2+ breast cancers.

 

CONCLUSIONS

Apart from an obvious need for further research, regular soy intake in premenopausal women seems to have a protective effect against breast cancer —more specifically, against ER+, PR+, and triple-negative breast cancer. This is due to its net antiestrogenic effect and mechanisms related to miRNA expression. Furthermore, soy supplement intake in risk or postmenopausal women could have no effect or even be harmful because of their net proestrogenic effect. Therefore, the safety of their intake remains unclear. Likewise, the role of ethnicity on the antiestrogenic effect of soy intake is to be confirmed, as well as further exploration of other beneficial effects, such as the reduction of adipocytokines.

 

STATEMENTS:

Acknowledgements

This paper is part of the Teaching Innovation Project coordinated between the Faculty of Medicine and the Faculty of Translation and Interpreting of the University of Granada (UGR), within the framework of the FIDO Plan 2018-2020 of the UGR (code 563).

Ethical concerns

This paper did not require the approval of any ethics committee.

Conflicts of interest

The authors of this paper declare no conflicts of interest.

Funding

No funding was received for the production of this paper.

 

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Relation entre la consommation de soja et le développement du cancer du sein: revue non systématique

 

L’importance épidémiologique du cancer du sein est croissante, ce qui a conduit à une augmentation substantielle des études visant à sa prévention. La consommation élevée de soja en Asie nous amène à penser que ce produit pourrait être à l’origine de la faible incidence du cancer du sein dans cette partie du monde, puisque le soja contient des isoflavones. Celles-ci ressemblent structurellement aux oestrogènes, et par conséquent, elles peuvent agir soit comme agonistes soit comme antagonistes. Dans cette étude, nous avons essayé de rassembler les évidences existantes quant à l’effet du soja en tant qu’agent protecteur chez les femmes postménopausées, tant dans sa consommation régulière au cours de la vie que dans son utilisation sous la forme de suppléments à base de soja. Les recherches scientifiques actuelles semblent indiquer que la consommation de soja chez les femmes préménopausées représente un facteur protecteur face au cancer du sein. Néanmoins, toutes les études ne mènent pas à la même conclusion. Certaines études analysées semblent indiquer que l’utilisation des suppléments chez les patients à risque et chez les femmes postménopausées pourrait bel et bien être un facteur de risque plutôt que de protection.

Mots clés : cancer du sein, soja, isoflavones.

Keywords: breast cancer, soy, isoflavones.

INTRODUCTION

Au cours de ces dernières années, le cancer du sein est devenu une pathologie répandue dans les pays industrialisés. D’une part, selon les données du Centre International de Recherche sur le Cancer de l’OMS, le taux de prévalence actuel dans le monde se situe à 181,8 cas sur 100 000 habitants. D’autre part, le taux d’incidence atteint les 55,2 cas sur 100 000 habitants [1]. Ce nombre augmente si nous nous focalisons sur l’Espagne, où les chiffres se situent respectivement entre 549,6 pour le taux de de prévalence et 138,8 cas en ce qui est de l’incidence [1]. En outre, on accorde de plus en plus d’importance aux habitudes de vie saines pour prévenir cette maladie ainsi que d’autres [2]. Par ailleurs, la mondialisation a permis de porter à la connaissance de la société de nouveaux aliments ayant été largement médiatisés. Le soja est ainsi devenu l’un des aliments les plus populaires en raison de ses prétendues propriétés et bénéfices pour la santé [3]. Dans ce sens, beaucoup d’encre a coulé sur l’effet protecteur du soja contre le cancer du sein [4], tout comme pour d’autres légumes. Cela s’explique par le faible taux de prévalence de cette maladie dans certains pays ayant une forte consommation de ce type d’aliments. Cela justifie l’essor des recherches dans ce domaine, qui ont eu pour but de vérifier ce prétendu effet protecteur et de déterminer le mécanisme à travers lequel cette action est exercée. Ces études se sont centrées sur les isoflavones, une composante du soja qui présente des similitudes structurelles avec les œstrogènes et qui, par conséquent, pourrait être liée aux récepteurs d’œstrogènes des cellules mammaires [5]. Bien que plusieurs études aient démontré que la consommation de soja est un facteur protecteur du cancer du sein [6], d’autres ont démontré le contraire, tant chez les humains [7] que chez des animaux de laboratoire [8]. Cependant, l’OMS ne considère pas le soja comme un aliment carcinogène [9], ce qui prouve la nécessité d’approfondir ce sujet. En outre, il existe une absence évidente d’études multiethniques et d’études à grande échelle sur ce sujet. Par conséquent, il est nécessaire à notre avis, de passer en revue des études récentes afin de combler ces lacunes. Les études faites jusqu’à présent ont été abordées sous différents angles : certaines ont tenté de prouver la capacité du soja pour éviter les récidives du cancer du sein [10], tandis que d’autres se sont centrées sur la possibilité d’éviter son apparition chez les patients à risque [11]. De la même manière, des chercheurs ont mené des études prospectives pour évaluer le degré d’incidence du cancer en fonction d’un régime alimentaire riche ou faible en soja [12]. Étant donné les résultats des études menées, il est nécessaire d’effectuer une révision des dernières publications sur ce sujet. Pour ce faire, il faut rassembler des évidences afin d’expliquer les résultats qui sont remis en question par des études de haute qualité. Ces études doivent donc apporter des explications complètes des effets du soja sur le cancer du sein afin que les experts puissent adresser des recommandations qualitatives par rapport à la consommation de ce produit. En définitive, le but de cette révision est d’analyser l’effet protecteur de la consommation de soja sur le cancer du sein chez les femmes préménopausées et postménopausées. Dans cette intention, nous avons fait une analyse exhaustive des études observationnelles et des études pilotes publiées.

 

LA RELATION ENTRE LA CONSOMMATION RÉGULIÈRE DE SOJA ET LE CANCER DU SEIN

Les essais visant à démontrer un lien entre la consommation de soja et la prévention du cancer du sein ne sont pas nouveaux. Le faible taux d’incidence de cette maladie dans les pays asiatiques [1] a fait l’objet de diverses études scientifiques sur les habitudes de vie dans cette partie de la planète. Les chercheurs se sont donc intéressés aux causes environnementales (non génétiques) qui expliqueraient cet éventuel lien. Dans la deuxième moitié du dernier siècle, les experts avaient commencé à attirer l’attention sur le soja comme l’une des possibles explications face au faible taux d’incidence du cancer du sein en Asie, ce qui fut à l’origine de l’apparition des premières études de révision qui tentaient de mettre de l’ordre dans l’explosion des recherches dans ce domaine [13]. L’essor récent des publications apportant des évidences scientifiques sur ce sujet rend de plus en plus nécessaire l’apparition des nouvelles révisions.

À cet égard, une étude prospective publiée en 2014 s’est avéré particulièrement pertinente [12]. Elle s’est servie d’un large échantillon (84 450 femmes) dont on a fait un long suivi (13 ans). Bien que l’étude ait été menée aux États-Unis, l’échantillon utilisé est multiethnique. Cela a permis de ne pas tomber dans le biais de se baser sur d’échantillons peu variés en termes d’ethnie, ce qui peut donner lieu à des interprétations erronées. En fait, les résultats de cette étude semblent indiquer des différences éventuelles par rapport aux races, d’où l’idée que la consommation de soja aurait un effet protecteur chez les personnes aux origines asiatiques. Toutefois, ces différences ne sont pas suffisantes pour le confirmer et, par ailleurs, il n’a pas non plus été démontré qu’une forte consommation de soja diminue le taux d’incidence du cancer du sein. Certaines études scientifiques ont essayé de démontrer la raison pour laquelle certaines recherches affirment que le soja protège du cancer du sein, tandis que d’autres prouvent le contraire. La raison semble résider dans l’âge des sujets examinés. Ainsi, chez les patients jeunes et chez les femmes préménopausées, la consommation de soja serait liée à un taux d’incidence plus faible, alors que ce lien serait inexistant [14] chez les femmes plus âgées (femmes postménopausées). En 2006, une étude in vitro [15] est allée plus loin dans ces recherches, en démontrant que les isoflavones du soja pourraient agir comme des agonistes ou des antagonistes du récepteur des œstrogènes dans les cellules du cancer du sein, et que cette dualité dépendrait du statut hormonal de la femme, en agissant, à toutes fins utiles comme un antagoniste dans le cas des femmes préménopausées, et un agoniste chez les femmes postménopausées. Ce phénomène serait dû aux différentes concentrations d’œstrogènes, dans ces deux étapes de la vie. En effet, dans la phase de la préménopause il existe une grande quantité d’œstrogènes en circulation. C’est là que les isoflavones, qui ont une faible activité œstrogénique, agiraient de manière compétitive avec les œstrogènes. En outre, à cause du faible effet œstrogénique, il est possible qu’il ait une diminution globale des effets de l’œstrogène sur les cellules mammaires. Par contre, dans l’étape postménopause il n’y a pratiquement pas d’œstrogènes en circulation, de sorte que les isoflavones agissent comme un agoniste œstrogénique (15), avec tous les effets négatifs que cela implique. Cette information est synthétisée sur l’image 1. C’est sans aucun doute l’une des raisons pour lesquelles certaines études ne peuvent pas démontrer que le soja ait un effet protecteur.

 

 

Lors d’une étude observationnelle réalisée à Shanghai [16], qui a étudié la relation entre le cancer du sein et le mode de vie en tenant compte de différents facteurs déclencheurs, il été observé que le cancer du sein précoce chez les jeunes femmes est lié à la consommation hebdomadaire de soja, bien que cette même étude reconnaisse qu’il existe peu d’études sur des populations jeunes et que, par conséquent, il serait approprié de réaliser des études prospectives ultérieures. L’étude mentionne aussi que les méta-analyses de Liu et al. [17] et de Woo et al. [18] ont démontré que le soja peut agir comme un facteur de protection contre le cancer du sein.

Cette étude analyse également la relation existante entre l’utilisation de graisse animale pour cuisiner et l’apparition du cancer du sein, car il a pu être observé que les femmes qui utilisent des graisses animales sont plus exposées au cancer du sein que celles qui consomment de l’huile de soja. Celle-ci pourrait agir comme un facteur protecteur. Cette même recherche affirme que ces résultats pourraient être utiles pour aider les femmes chinoises à choisir une bonne huile de cuisine.

En ce qui concerne la consommation de lait de soja, il a été constaté que la substitution du lait de vache par le lait de soja réduit le risque du cancer du sein chez les femmes américaines. Bien que ces études n’aient pas démontré que le soja agisse comme un facteur de protection contre le cancer du sein, elles ont en revanche prouvé que la consommation du lait de vache est un facteur de risque du cancer du sein. Ces études mentionnent également les effets de la chimiothérapie préventive qui sont attribués au soja, étant donné que celui-ci a une structure similaire aux œstrogènes, qui peuvent agir comme des inhibiteurs [1] des œstrogènes endogènes. D’autre part, on a attribué au soja des effets antiprolifératives, anti-inflammatoires ainsi que la capacité de réparer l’ADN. En dépit du fait que cette étude n’ait trouvé aucune preuve concluante permettant de soutenir que la consommation de soja soit un facteur de protection contre le cancer du sein, nous devons tenir compte du fait que cette étude a été réalisée sur une population occidentale qui consomme moins de soja, raison pour laquelle d’autres études seraient nécessaires.

D’autres études [20] soulignent l’importance de sensibiliser les femmes sur l’existence de différents facteurs de risque du cancer du sein sur lesquels il est possible d’agir de façon positive, par exemple en encourageant l’activité physique et la consommation de soja. Ces mêmes études affirment également que des stratégies devraient être mis en place pour augmenter la consommation de soja dans la population.

La volonté scientifique de démontrer l’effet du soja sur la maladie a récemment donné lieu à la réalisation d’études prometteuses [2] [21]. Dans l’espoir de découvrir de nouvelles perspectives qui justifieront les effets anticancéreux de cet aliment, ces études ont prouvé qu’il existe une relation entre la consommation de soja et l’expression de certains gènes et du miRNA.

À cette fin, l’étude s’est basée sur un échantillon composé de patientes atteintes d’un cancer du sein triple négatif pour analyser l’expression de certains miRNA et gènes, afin d’étudier un éventuel lien avec la consommation de soja au cours de l’année précédente. D’importantes différences ont pu être constatées dans l’expression de 14 miRNA et de 24 gènes entre les patients ayant eu une consommation différente.

Cet article fournit de bons arguments pour considérer le soja comme protecteur contre le cancer du sein tout en expliquant les voies moléculaires concrètes par lesquelles cet effet pourrait se produire.

L’une des principales erreurs de nombreuses études publiées dans cette même ligne de recherche a été l’utilisation d’échantillons peu exhaustifs. Cela peut remettre en cause certains des résultats obtenus au préalable et favoriser l’émergence de résultats contradictoires, qui avaient jusqu’à présent empêché une révision correcte et précise des évidences.

En conséquence, les recherches effectuées sur des échantillons de grande taille, comme l’étude récemment publiée par la cohorte “China Kadoorie Biobank” [6], qui comptait 300.000 individus, acquièrent une importance fondamentale. Cette étude n’a révélé aucune variation du risque de cancer du sein entre les personnes qui consomment plus de soja et celles qui en consomment moins. Contrairement à ce que nous avons indiqué dans le reste de ce travail, cette étude n’a pas non plus observé de différence entre les préménopausées et la postménopausées. Par contre, il y a bel et bien un rapport entre la forte consommation de soja et le faible taux d’incidence du cancer du sein chez les femmes ayant un indice de masse corporelle bas.

D’autres recherches se sont focalisées sur la relation existante entre la consommation de soja et la longévité. Plus précisément, une récente méta-analyse [22] a conclu qu’une forte consommation de soja favorise une plus grande longévité, et en particulier, une diminution de la mortalité chez les patientes qui souffrent de cancer du sein.

La relation entre les compléments alimentaires à base de soja et le cancer du sein

Bien qu’il y ait eu des avertissements sur de possibles risques quant à la consommation de suppléments dans les populations à risque de cancer du sein [23], les effets d’une telle consommation restent imprécis, bien que de nombreuses études se soient évertués à démontrer l’efficacité ou l’inefficacité de sa consommation. Même s’il reste encore beaucoup à faire dans ce domaine, il existe néanmoins des études qui pourraient nous éclairer sur le sujet.

L’étude réalisée dans la cohorte intitulée “Etude Épidémiologique auprès de Femmes de la Mutuelle Générale de l’Éducation Nationale ”sur des femmes âgées de plus de 50 ans constitue un parfait exemple [24]. Dans cette recherche, les résultats dépendaient du type de cancer auquel on se rapporte. En effet, les conclusions affirment que la consommation hebdomadaire de compléments de soja diminue le risque de souffrir d’un cancer du sein à récepteurs œstrogéniques positifs (ER+), tandis que c’est le contraire qui se produit chez des femmes ayant un cancer du sein à récepteurs d’œstrogènes négatifs (ER-), surtout chez de patients à risque.

La relation entre les compléments alimentaires à base de soja et le cancer du sein

Bien qu’il y ait eu des avertissements sur de possibles risques quant à la consommation de suppléments dans les populations à risque de cancer du sein [23], les effets d’une telle consommation restent imprécis, malgré le fait que de nombreuses études se soient évertués à démontrer l’efficacité ou l’inefficacité de sa consommation. Même s’il reste encore beaucoup à faire dans ce domaine, il existe néanmoins des études qui pourraient nous éclairer sur le sujet.

L’étude réalisée dans la cohorte intitulée “Etude Épidémiologique auprès de Femmes de la Mutuelle Générale de l’Éducation Nationale ” sur des femmes âgées de plus de 50 ans constitue un parfait exemple [24]. Dans cette recherche, les résultats dépendaient du type de cancer auquel on se rapporte. En effet, les conclusions affirment que la consommation hebdomadaire de compléments de soja diminue le risque de souffrir d’un cancer du sein à récepteurs œstrogéniques positifs (ER+), tandis que c’est le contraire qui se produit chez des femmes ayant un cancer du sein à récepteurs d’œstrogènes négatifs (ER-), surtout chez des patients à risque.

La consommation de soja et les groupes ethniques

Les risques de cancer du sein sont moins élevés chez les femmes asiatiques, qui sont de grandes consommatrices de soja. Nous nous demandons si le risque de cancer est lié à des questions d’ordre ethnique et génétique, qui font au soja avoir un plus grand effet. Une étude [25] a mesuré de différentes paramètres (le NAF ou liquide aspiré du mamelon, les œstrogènes, le IGF-1, le IGFbp3, des marqueurs de l’inflammation comme le CRP ou Protéine C réactive e IL-6, et la densité mammaire) à partir d’un échantillon divisé en deux groupes de femmes qui ont consommé deux repas quotidiens à base de soja. Parmi tous les biomarqueurs analysés, le IGF-1 et le IGFbp3 sont les seuls à avoir varié de manière considérable entre population asiatique et non asiatique, tous deux suivant une alimentation riche en soja. En outre, de petites variations dans le CRP et le NAFr ont été constatées. Or, elles n’ont pas été suffisantes pour pouvoir établir un lien entre le génotype et le plus faible taux d’incidence de la maladie dans la population asiatique (ethnicité). Cela semble indiquer qu’au-delà d’être une différence génétique, il s’agît plutôt d’une question de temporalité (une consommation de soja depuis la jeunesse) [13].

L’effet de la perte du poids et de la consommation des suppléments de soja sur la circulation d’adipocytes dans le cas de femmes postménopausées

Le faible risque de souffrir un cancer du sein dû aux effets de la consommation de soja, s’est vu progressivement associé à la diminution du nombre d’adipocytes, parmi lesquelles, on souligne les marqueurs de l’inflammation TNF-α et IL-6 [26]. Dans le but de valider cette hypothèse, une étude d’une durée de deux mois a été réalisée sur un groupe de femmes postménopausées en bon état de santé et qui ne sont pas sous traitement hormonal [10]. En premier lieu, toutes les femmes qui suivaient un régime spécial, celles ayant des antécédents cancérigènes, les diabétiques ainsi que celles ayant des maladies chroniques ont été exclues.  En deuxième lieu, l’échantillon a été divisé en trois groupes différents par rapport au type de régime alimentaire : un régime pauvre en graisses, un régime riche en soja et un régime contrôlé. Ensuite, on a analysé les paramètres TNF-α, IL-6, l’adiponectine et la leptine, mais on n’a pas détecté de variations importantes par rapport à ces paramètres parmi les groupes, mis à part d’une baisse générale du poids. Il est nécessaire de faire des études plus approfondies sur ce sujet, on peut affirmer quand même que ces deux études présentent des limites. Ces limites résultent, entre autres raisons, d’un échantillon très faible, du fait de ne mesurer les paramètres qu’au début et à la fin de l’étude, d’une préparation peu rigoureuse des régimes ainsi que de l’inclusion dans l’étude de sujets ayant de légers symptômes d’inflammation chronique. L’étude aboutit à la conclusion que le régime pauvre en graisses et le régime de suppléments de soja n’ont pas de vrai impact sur les adipocytes en circulation, contrairement aux conclusions qui se dégagent d’autres études.

Le rôle du soja dans le cancer du sein avec IRM et densité mammaire 

On constate un manque généralisé d’études sur le cancer du sein qui tirent profit de la densité mammaire ou de l’imagerie par résonnance magnétique (IRM). Par conséquent, il est important de réaliser, d’une part, une étude randomisée en double aveugle et aléatoire d’une durée de 12 mois [27] sur un groupe de patients (de 30 et 75 ans) qui souffrent de cancer du sein (traité au préalable) ; et d’une autre part, réaliser par le biais d’une mammographie et une RM une étude sur un autre groupe de patients à haut risque à qui on a fourni un supplément de soja ou un placebo au début et à la fin de l’étude. Le but de ces techniques est de déterminer la surface totale du sein et la densité mammaire à partir de la mammographie, et le volume total du sein et la quantité du tissu fibro-glandulaire à partir de la réalisation d’une IRM. La faible diminution observée sur la densité mammaire et la quantité du tissu fibro-glandulaire n’ont pas été suffisantes pour affirmer que la consommation des suppléments provoque des changements significatifs dans ces techniques.

La relation entre la consommation du soja et les différents types de cancer du sein 

Actuellement, les cancers du sein sont classifiés en fonction de l’expression des différents récepteurs situés dans la membrane de la cellule. Les principaux récepteurs étudiés sont le récepteur d’œstrogènes (ER), le récepteur de progestérone (PR) et le récepteur de facteur de croissance épidermique HER2, de manière que tout cancer n’ayant montré aucun de ces récepteurs est classifié comme triple négatifs. Cette classification est fondamentale pour déterminer le traitement du cancer et son importance [28].

 

Comme nous l’avons déjà remarqué, une étude réalisée chez des femmes âgées de 50 ans s’est focalisée sur la consommation de suppléments de soja et sa relation avec le cancer du sein [24]. Celle-ci a mis en exergue que ces suppléments aident à diminuer le risque de cancer du sein positif chez les récepteurs d’œstrogènes (ER+) tandis que chez les récepteurs d’œstrogènes (ER-) ces suppléments augmentent le taux d’incidence du cancer du sein négatif. Ce dernier a constaté une augmentation de la prévalence du cancer du sein ER- chez des femmes qui avaient des antécédents médicaux de cette maladie en premier degré.

En revanche, il y a d’autres études qui soulignent l’effet protecteur du soja face au cancer du sein grâce à de différents mécanismes, comme par exemple, ceux qui mentionne l’étude Guo X, [21] déjà citée, selon lequel l’effet protecteur du soja sur le cancer du sein triple négatif se caractérise par un manque d’expression des récepteurs hormonaux. L’effet protecteur serait obtenu à partir du microARN ci-dessus décrit.

Enfin, une étude observationnelle menée à Shanghai [29] a révélé une diminution globale du risque de cancer du sein grâce à l’effet protecteur du soja chez les femmes préménopausées. L’étude a classé les cancers selon l’expression des récepteurs hormonaux ER et EP et selon l’expression de HER2. Il a été constaté que la consommation de soja peut agir comme un facteur de protection contre les cancers du sein positifs pour les récepteurs hormonaux EP et ER, mais pas contre les cancers du sein positifs pour l’expression de HER2.

 

CONCLUSIONS

Certes, il existe une évidente nécessité de prendre en considération des futures études sur le fait que la consommation habituelle et continue de soja dans l’étape de la préménopause puisse devenir un facteur protecteur face au cancer du sein. Grâce à son effet anti-œstrogénique net et aux mécanismes liés à l’expression de miARN, il pourrait avoir un effet protecteur face au type de cancer du sein positif pour des récepteurs d’œstrogènes et de progestérones et face au type de cancer du sein triple négatif.  Cependant, si les femmes postménopausées ou celles appartenant à des groupes à risque consomment des suppléments de soja, les effets pourront être nuls ou même nuisibles à leur santé. Il reste beaucoup du travail à faire pour éclaircir la relation entre certains groupes ethniques de femmes et l’effet anti-œstrogénique du soja. De la même manière, il est nécessaire approfondir dans la connaissance d’éventuels effets bienfaisants du soja ainsi que son effet sur la réduction des adipocytes dans la circulation.

 

DÉCLARATIONS :

Remerciements

Cet article s’inscrit dans le Projet d’Innovation Didactique coordonné entre la Faculté de médecine et la Faculté de traduction et d’interprétation de l’Université de Grenade (UGR), dans le cadre du Plan FIDO 2018-2020 de l’UGR (code 563).

Considérations éthiques

Cet article n’a nécessité l’approbation d’aucun comité d’éthique.

Conflits d’intérêts

Les auteurs de cet article ne déclarent aucun conflit d’intérêt.

Financement

Aucun financement n’a été reçu pour la production de cet article.

 

RÉFÉRENCES

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AMU 2020. Volumen 2, Número 1

Fecha de envío:                     Fecha de aceptación:                    Fecha de publicación:

16/03/2020                                06/04/2020                                          29/05/2020

 

Cita el artículo: Morales-Garzón C.M, Hammu-Mohamed K, Moral-Vázquez J.I. Relación entre el consumo de soja y el desarrollo de cáncer de mama: revisión no sistemática. AMU. 2020; 2(1):50-69

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