Mendoza Ladrón de Guevara, Nicolás¹ *

¹ Departamento de Obstetricia y Ginecología, Facultad de Medicina, Universidad de Granada. Av. Doctor Jesús Candel Fábregas, 11, 18016 Granada

* Autor de correspondencia: nicomendoza@ugr.es


 

Las acciones documentadas en Gaza, Palestina, constituyen una violación flagrante de los principios de Justicia Reproductiva, término acuñado en 1994 por el Black Women’s Caucus y amplificado por el colectivo Sister Song, quienes conjuntamente buscaban ampliar el marco de los derechos reproductivos para incluir la justicia social y las desigualdades estructurales que afectan especialmente a mujeres racializadas y pobres (1).

Frente al marco legal de los derechos reproductivos tradicionales, la justicia reproductiva se fundamenta en tres pilares interrelacionados que deben garantizarse a todas las mujeres del planeta, con independencia de su etnia, religión o condición social:

  1. El derecho al embarazo y la descendencia. Implica que toda persona pueda decidir libremente si quiere tener descendencia, cuándo y cuánta, sin coerción ni interferencias externas. Esto incluye el acceso a servicios de salud materna seguros, apoyo durante el embarazo y parto, y protección frente a políticas eugenésicas o racistas.
  2. El derecho a no tener descendencia. Incluye el acceso a métodos anticonceptivos, educación sexual integral, aborto seguro y legal, y la libertad de decidir sobre el propio cuerpo sin presiones religiosas, políticas o familiares.
  3. El derecho a la crianza en condiciones seguras y dignas. Este pilar conecta la justicia reproductiva con la justicia social. Considera que las personas deben poder criar en entornos libres de violencia, racismo, pobreza, contaminación, discriminación o desplazamiento forzado. 

Alcanzar la justicia reproductiva implica la erradicación de todas las formas de violencia que impidan a las personas decidir libremente sobre su reproducción y crianza, incluyendo la violencia de género, la violencia sexual y la violencia estructural ejercida por el Estado o el contexto social.

Sin embargo, informes internacionales han documentado de forma continuada y contundente el uso sistemático de la violencia contra las mujeres palestinas como arma de guerra, incluyendo violaciones, agresiones genitales, desnudez forzada y ataques directos a embarazadas (2). Los datos son muy anteriores incluso al atentado terrorista perpetrado por Hamás en octubre de 2023. Y en conjunto revelan una violencia no limitada a las mujeres adultas, sino que también afecta gravemente a la infancia, generando daños físicos y psicológicos que perdurarán toda la vida en quienes sobrevivan al exterminio (3,4).

Por si alguien propone razones accidentales, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU ha concluido que estas prácticas han sido ordenadas explícitamente o instigadas implícitamente por altos mandos civiles y militares israelíes. Tampoco se han dispuesto con la invasión de septiembre, en marzo de 2025, dicha comisión advirtió formalmente que Israel podría ser incluida en la lista de perpetradores persistentes de violencia sexual en conflictos armados (5).

La violencia contra la infancia y las mujeres en Palestina es sistemática, estructural y longeva. Ataca desde tiempo inmemorial a los tres pilares sobre los que se fundamenta la Justicia Reproductiva.

El primero, se viene quebrantando desde finales del siglo XX con las políticas aislacionistas en los territorios palestinos ocupados o con intención de ocupar por los israelitas. Los obstáculos para acceder a las instalaciones médicas han incrementado desde entonces los índices de morbimortalidad perinatal y materna, cifras que superan ampliamente los estándares internacionales y son escandalosamente superiores a los registrados en el país vecino, Israel (6).

Por mucho que ese país se justifique o lo niegue, por mucho que aquí en Occidente se tergiverse y hasta se disfrace de campaña ideológica, se está retransmitido en directo la destrucción sistemática de instalaciones médicas, incluidas maternidades, clínicas de salud reproductiva y centros de atención pediátrica. Todo esto sin mencionar la gran cantidad de personal sanitario (nacional o extranjero) asesinado, amenazado o desplazado. Son estrategias deliberadas que han impedido el acceso a medicamentos, la atención prenatal, los partos seguros y los cuidados posnatales, provocando muertes intencionadas y sufrimiento extremo (7).

Según la ONU, estos actos constituyen de por si crímenes de guerra y de lesa humanidad, cumpliendo con al menos dos de las categorías definidas por la Convención sobre el Genocidio: la imposición de condiciones de vida destinadas a destruir físicamente al grupo y la imposición de medidas para impedir nacimientos. 

Tampoco el segundo pilar ha soportado la presión israelita en ninguno de los territorios invadidos de Palestina- Es descorazonador para alguien que dedica su formación académica, su docencia y su práctica clínica a la salud sexual y reproductiva, que la propia acepción de la expresión “deseo de embarazo”, haya mutado desde octubre de 2023 a algo tan desesperadamente peligroso. Si antes mencionamos las estrategias para dificultar la salud materno-infantil, el nulo acceso a los métodos anticonceptivos, la incapacidad absoluta para las interrupciones de embarazo, las violaciones sexuales por parte de militares israelíes, más el incremento de otras violencias procedentes de sus propios congéneres, han registrado cifras elevadas de embarazos no deseados en las mujeres palestinas.

El tercer pilar de la Justicia Reproductiva, el derecho a la crianza en condiciones seguras y dignas, no solo ha sido desmoronado por la violencia en esta ignominia, se ha doblegado completamente al exterminio explícito que el gobierno de Israel ha enarbolado como objetivo último.

Se barajan cifras cercanas a los 65000 asesinatos. Parece que este monto sea insuficiente para países de nuestro entorno tan cercanos en los social y en lo político. A pesar de toda su contrición sorprende su tibieza. Quizá les haga cambiar de actitud las declaraciones recientes de Francesca Albanese, la relatora especial de la ONU para Palestina. De forma pública ha ampliado el número real de muertos diez veces más de las que se nos ofrece. Puede parecer una estimación exagerada, pero el dato lo respalda el nivel de destrucción total del territorio, el número de personas desaparecidas bajo los escombros y la falta de acceso a servicios médicos, agua y alimentos, que provocan muertes indirectas por hambre, infecciones y partos sin asistencia (8).

Semejantes guarismos ya fueron tanteados anteriormente por un estudio independiente de la Universidad de Londres publicado en The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas, en cuyas páginas es difícil incluir estudios sin una base científica y metodológica estricta (9). De lo que se extrae de estas publicaciones, hay centenas de miles de niños, niñas y mujeres muertas que no se han contabilizado en el registro oficial del “conflicto”. Si el lector prefiere seguir utilizando esta palabra, le recordamos que en el negocio de las guerras es el pueblo quien pone los muertos. En esta guerra, Israel pone balas, bombas y fósforo blanco, reparte despropósitos con algunos líderes internacionales y se escuda en la tibieza de parte del espectro político y muchos países de Occidente. Entretanto, Palestina aporta escombros como inmoral sepultura a sus mujeres violentadas y desnutridas, muchas de ellas embarazadas, otras unidas a su prole, también violentada y desnutrida.

Desde una perspectiva médica, la situación en Gaza recuerda los horrores del Holocausto. Lo que diferencia este nuevo escenario de espanto es la intención de borrar todo rastro documental de las prácticas genocidas. Mientras los nazis dejaron registros escritos sobre sus macabras técnicas de interrupción forzada del embarazo, los actuales perpetradores buscan ocultar sus crímenes bajo los restos de lo que otrora fueron maternidades y hospitales pediátricos. En sus cercanías se han descubierto embarazadas asesinadas a sangre fría, con disparos dirigidos al abdomen gestante. Hay miserables quienes defienden que son daños colaterales de la “defensa ante el hecho terrorista de octubre de 2023”. Pero ni las toneladas de explosivos y odio podrán borrar los registros periodísticos grabados desde hace décadas. Así, en 2008, tras un ataque militar a la Franja de Gaza, soldados israelíes fabricaron camisetas con la imagen de una mujer palestina embarazada en el punto de mira de un rifle. La leyenda de la camiseta rezaba “1 shot 2 kills” (“1 disparo, 2 muertes”). Otros diseños de método anticonceptivos para camisetas igualmente perturbadores que aquellos registros nazis mostraban a un bebé palestino muerto con la frase “Better use Durex” (“Mejor usar Durex”), y otro con un niño en la mira de un rifle y el lema “The smaller they are, the harder it is” (“Cuanto más pequeños, más difícil es”) (10).

En definitiva, las violencias contra las mujeres y la Infancia palestinas no son incidentales. Son estructurales, sistemáticas y macabras. Los cuerpos de las mujeres y sus hijas e hijos se han convertido en blanco para los militares israelíes. Desde la Obstetricia y la Ginecología nos espanta que disparar a un abdomen embarazado no es un error, es una simbólica e impúdica declaración de guerra contra dos vidas en una: la presente y la futura.

Y ahora podemos preguntarnos si se trata de solo una injusticia reproductiva. El colectivo feminista palestino ha introducido un término que con más criterio incorporaremos a nuestro diccionario; es un genocidio reproductivo (11).

Referencias

1. Resistance is Fertile. Resistance is fertile: no reproductive justice without freedom for Palestine; 2023. [citado el 5 de octubre de 2025]. Disponible en: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSc3XQ7zirR7stTuOmQs1DbyDxuqn0gJ4d0MTbJ4qKWquZv3aA/viewform

2. El uso sistemático de la violencia sexual por parte de Israel es “más de lo que el ser humano puede soportar” [Internet]. Noticias ONU. 2025 [citado el 5 de octubre de 2025]. Disponible en:https://news.un.org/es/story/2025/03/1537221

3. Abu Hamad B, Jones N, Gercama I. Adolescent access to health services in fragile and conflict-affected contexts: The case of the Gaza Strip. Confl Health. 2021;21;15(1):40.

4. Abuzerr S, Zinszer K, Mahmoud H. Healthcare collapse and disease spread: a qualitative study of challenges in Gaza strip. BMC Public Health. 2025;12;25(1):589.

5. Unicef ©. Israel ha cometido genocidio en la Franja de Gaza [Internet]. Noticias ONU. 2025 [citado el 5 de octubre de 2026]. Disponible en: https://news.un.org/es/story/2025/09/1540443

6. Böttcher B, Abu-El-Noor N, Aldabbour B, et al. Maternal mortality in the Gaza strip: a look at causes and solutions. BMC Pregnancy Childbirth. 2018;18:1–8.

7. Sabah FY, Abuzerr S. Relationship between housing and health in conflict- affected Gaza and policy implications for reducing health inequities. East Mediterr Health J. 2025;3;31(2):141-147.

8. Maniscalco C. La relatora de la ONU, Francesca Albanese, estima en 680.000 las muertes en Gaza, diez veces más de lo calculado por Hamás [Internet]. MSN. [citado el  5 de octubre de 2025]. Disponible en: https://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/la-relatora-de-la-onu-francesca-albanese-estima-en-680000-las-muertes-en-gaza-diez-veces-m%C3%A1s-de-lo-calculado-por-ham%C3%A1s/ar-AA1MBfhi

9. Jamaluddine Z, Abukmail H, Aly S, Campbell OMR, Checchi F. Traumatic injury mortality in the Gaza Strip from Oct 7, 2023, to June 30, 2024: a capture- recapture analysis. Lancet. 2025;8;405(10477):469-477.

10. Israel army rides out T-shirt row. BBC News [Internet]. [citado el 5 de octubre de 2025]; Disponible en: http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/7960071.stm

11. Palestinian Feminist Collective. The Palestinian feminist collective condemns reproductive genocide in Gaza; 2023. Disponible en: https://palestinianfeministcollective.org/the-pfc-condemnsreproductive-genocide-in-gaza/


AMU 2026. Volumen 8, Número 1

Fecha de recepción: 06/10/2025

Fecha de revisión: 08/10/2025

Fecha de aceptación: 08/10/2025

Cita el artículo: Mendoza Ladrón de Guevara N. Genocidio reproductivo en Palestina: una perspectiva médica y de derechos humanos. AMU. 2026;8(1):1-3.

 

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